13 Jul Cómo abordar eso del Síndrome post-vacacional

Las vacaciones son importantes para el bienestar de las personas y para  la productividad en las empresas. Volver de vacaciones implica una adaptación, como todo cambio. Hace tiempo que el Síndrome post-vacacional se ha hecho un hueco en los medios, todos los veranos oímos o leemos sobre el tema.

Andaba yo estos días muy atareado con asuntos referentes a la decoración del nuevo Centro Psicotel, que presentaré en Septiembre. Cuando recordé que este jueves tocaba publicar entrada en el blog, éste blog.

 

Y pensaba: ¿De qué hablo esta semana? Enseguida me vino una idea, el Síndrome post-vacacional. Igual puede servir de ayuda para la vuelta de vacaciones que, desde luego, atrae menos que lo que estamos haciendo ahora, mirar cómo podemos escaparnos unos días para cambiar de aires, “cargar pilas” , “hacer un reset”.

 

Como suele ser habitual, antes de la obligada búsqueda en la red para ver qué se dice, aparecen un montón de ideas, experiencias y recuerdos relacionados con el tema.

 

Y recuerdo que durante la mayor parte de mi vida, nunca oí esa expresión. Sí recuerdo como algo habitual, desde niño, oír hablar de que “mañana ya hay que ir a trabajar”, que “ya se acaba lo bueno”, que “esa es la cruz del pobre” o que “ojalá me tocara la lotería…”

 

De mi adolescencia, recuerdo las explosiones de alegría cuando salías hacia casa, el viernes o el último día; y el abatimiento de los domingos o de los principios de curso.

 

Ya en mi juventud, se convirtió en motivo de risas y chascarrillos, cuando una amiga decía casi todos los sábados por la noche: “Ay… mañana ya domingo y el lunes a currar…” Quizá fue ahí donde empecé a darme cuenta de que se podía proceder de esa manera y, por tanto, de otras. Sin ser muy conscientes empezamos a ayudarnos unos a otros a elegir una manera más sana de afrontar la vuelta a trabajo o quizá más bien el abandono del asueto, de la diversión, porque a la mayoría nos gustaba nuestro trabajo. Se oía aquello de “es lo que hay”, “si luego enseguida viene el finde otra vez”, “menos mal que sólo podemos salir dos días en semana…”, “bueno, pero este mes que empieza tiene un puente…”.

 

Años más tarde, ya se oía comentar sobre el Síndrome post-vacacional. Volvía de mis vacaciones en coche y en la radio comenzaron a tratar el asunto. En aquel momento, no tenía precisamente el trabajo de mis sueños. Mientras conducía, decidí buscar la manera de librarme de aquella sensación o al menos tener una estrategia. Generalmente, no era muy dolorosa pero sí recurrente. Y sobre todo percibida como muy poco útil desde los tiempos de “…y mañana domingo…”.

 

En aquel viaje de vuelta concluí algo, más o menos, así:

  • “¿Y si no vuelvo a la rutina y me bajo de mi plan de ejercer como psicólogo clínico? ¿Si dejo de ser lo que soy? ¿Qué sentido tendría mi vida?”

  • “Ni siquiera me lo puedo permitir, así que no procede una especie de pataleta de amargura cíclica que no va a ningún sitio”.

  • “Prefiero seguir trabajando en lo que no me gusta, terminar mi formación e intentar dar el salto.”

  • “De vacaciones se está muy bien pero como en casa en ningún sitio. ¡Qué ganas tengo de llegar a casa! Con mis cosas, mis amigos, mis aficiones, mi cama.”

  • “Lo importante es que las vacaciones han estado bien y ahora toca retomar e intentar hacer bien las cosas.”

  • “Seguro que acabaría cansándome de estar siempre de vacaciones.”

  • “Las vacaciones tienen sentido porque trabajo. Y el trabajo tiene sentido porque me permite ir de vacaciones, entre otras cosas.”

  • “También están los fines de semana, los puentes, llegar cada día a casa, las Navidades, la Semana Santa y, en seguida, otra vez verano y vacaciones.”

  • “Al fin y al cabo no está tan mal. Mis antepasados soñaban con una vida así. Yo la tengo.”

Y con esto me he quedado todos estos años. Si no hubiera conseguido dedicarme a lo que quería, quizá me hubiera sido más difícil mantenerme en ese discurso. No lo sé. No me ha ido mal esta “fórmula”, he disfrutado de mis vacaciones y de mi trabajo. Lógicamente, cuanto peores son las circunstancias de uno al volver, más lógico y comprensible es sentirse mal.

 

Una vez dicho esto, al acudir a los artículos sobre el Síndrome Post-vacacional, uno se encuentra con lo de siempre.

 

Lo definen como un síndrome, y lo describen como si de una enfermedad se tratara. Con su definición, sus causas, sus síntomas, su diagnóstico y unos consejos a modo de tratamiento. Entre los que no puede faltar la “mágica” y, al parecer, “todopoderosa”, actitud positiva. (1)

¡Así funcionan estas cosas! Vivimos en sociedad, la mayoría compartimos forma de vida, trabajamos e intentamos ir de vacaciones. Somos humanos, así que sentimos básicamente lo mismo. Como consecuencia, muchas personas nos sentimos mal cuando se acaban las vacaciones y comenzamos a trabajar. ¡Faltaría más! Lo contrario sería peor.

 

En este momento suele aparecer aquel que le pone el nombre,  escribe un libro o lleva a cabo una investigación. Parece que este tipo de asuntos gustan mucho en las redacciones periodísticas y pronto, el nombre corre como la pólvora y en tu entorno empiezas a oír: “Pues eso va a ser el Síndrome post-vacacional…”

 

Si empezáramos a acudir en masa a nuestro médico diciendo que cada vez que pasamos unos días fuera del trabajo nos sentimos mal al volver. Ya se dice que un 65 % de nosotros padecemos este síndrome. (2) ¡Padecemos! Hombre…, tanto como padecer… que venimos de vacaciones…

Bueno pues, veríamos aumentar los estudios científicos, la presencia en los medios, las voces que asegurarían que se trata de una enfermedad o de un trastorno mental, al que hay que atender porque hay un infradiagnóstico evidente. Y cómo no, los fármacos que vendrían a mitigar este nuevo mal que nos aqueja.

 

Espero que el recorrido de esta “nueva” etiqueta no sea éste. Muchos problemas considerados hoy como trastornos mentales comenzaron siendo síndromes poco frecuentes. Espero que no veamos algún día el Trastorno Post-vacacional en el DSM, el manual de diagnóstico más utilizado. (3)

 

Centrémonos, lo normal es sentirse bien cuando uno se va de vacaciones y peor cuando se regresa. Y no siempre, porque pensemos en un adolescente que se va de vacaciones con sus padres dejando a su novia por un mes. Se sentirá mejor a la vuelta.

 

Nos sentimos bien o mal en función de lo que ocurre y lo que supone para nosotros.

 

El asunto toma relevancia y nombre porque la mayoría disfruta más de sus vacaciones que de volver al trabajo que es lo normal y por tanto le pasa a mucha gente. Se hace relevante y entra dentro del circuito médico.

 

Las personas con problemas importantes de ansiedad, depresión u otros; probablemente, lo llevarán peor pero añadir otra etiqueta diagnóstica no mejorará su situación. El solapamiento entre esas etiquetas ha evitado el consenso para considerarlo como trastorno.

Y por favor, eso sí, espero que el tratamiento complementario al fármaco no sea trabajar todo el año para no sentirse mal al volver de vacaciones…

 

… Que ahora nos estamos yendo y mira, si por tener vacaciones me siento mal al volver. Que todos los sufrimientos que me esperan hasta las siguientes vacaciones sean como ese.

 

Feliz verano y no habléis demasiado de los problemas con el amigo o amiga de la playa o donde quiera que vayáis. Pasadle mi contacto.😉

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2 Comments
  • José Manuel
    Posted at 10:23h, 14 julio Responder

    Trataremos de poner en práctica los consejos, yo soy de los que me cuesta volver a la rutiba, imagino porque las vacaciones las disfruto a tope

    Saludos

    • J.A:E. Psicotel
      Posted at 14:19h, 18 julio Responder

      Pues eso está muy bien, disfrutar a tope las vacaciones. Ya me contarás qué tal te va la vuelta. Saludos!

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