19 Sep Cómo querernos a nosotros mismos

Escribir sobre este tema no me resulta fácil. Intentar dar una indicaciones sobre cómo quererse a uno mismo, que sean útiles para todo el mundo, puede ser demasiado atrevido.

 

La aplicación de la Psicología es una tarea de naturaleza fundamentalmente idiográfica¹, y no tanto nomotética². Debe atender al caso particular y tratar de evitar generalizaciones de dudosa validez en la población.

Sin embargo, pueden encontrarse montañas de artículos de divulgación sobre el tema en internet. Creo que es importante acercarse a este tipo de artículos con cautela, sin buscar soluciones definitivas sino más bien una posible fuente de ideas que habrá que filtrar y adaptar a las circunstancias de cada uno. A veces tenemos tantas ganas de encontrar respuestas que nos engañamos a nosotros mismos para no tener que estar sin ellas.

 

Quizá lo más útil sea no clasificar nuestros sentimientos en estos términos de quererse o no. Quizá sólo nos estamos refiriendo a que nos menospreciamos a nosotros mismos. Todos tenemos derecho a la vida y a cometer errores en ella. Quizá lo mejor sea aprender a vivir sin juzgarse.

 

En este artículo, presentaré el tema e intentaré aportar una pequeña relación de consejos o ideas para conseguir querernos más a nosotros mismos. Dirigido fundamentalmente a adultos, ya que los niños deben ser queridos y no deberíamos dejar algo tan esencial a ellos mismos, sino procurárselo en la manera más constructiva posible.

 

Supongo que cuando uno quiere saber cómo quererse a sí mismo, implica que piensa que no se quiere lo suficiente. Es probable que la persona se esté castigando demasiado. Es probable que las valoraciones que produce, y quizá comparte con otras personas, no estén ajustadas a los resultados. O que “la vida le trate mal” y esas valoraciones sí estén ajustadas.

 

Es importante tener en cuenta que lo que llamamos “querernos a nosotros mismos” es un conjunto de comportamientos, un conjunto de respuestas que producimos a partir de sucesos de nuestro ambiente, que están ocurriendo, que estamos imaginando o que estamos recordando. Yo preferiría decir “cuidarnos a nosotros mismos” que tendría más que ver con cómo vivimos y nos adaptamos a los cambios, con nuestra relación con el ambiente. Y dejar el “querer” para recibirlo de los demás mientras yo me “cuido”, ajustando mi comportamiento a mis circunstancias y procurando sacar las conclusiones adecuadas de lo que soy y de cómo me va.

 

A largo de nuestra vida hemos ido aprendiendo formas de sentir, de razonar, de deducir, de hablarnos a nosotros mismos, de explicarlo a los demás, formas de hacer balance sobre nuestros éxitos y fracasos.

 

Así que podríamos decir que la manera en que nos queremos ahora se sustenta, principalmente, en experiencias pasadas más o menos lejanas en el tiempo; provocadas por situaciones reales que provienen del entorno o imaginarias que las representan.

 

El estrés

Pero no sólo se sustenta en las experiencias, todos contamos con un sistema innato de auto-conservación, que nos permite evitar aquello que pueda poner en peligro nuestra vida en mayor o menor medida. Es lo que llamábamos instinto de supervivencia, que ahora llamamos estrés, y que de manera más científica se denomina Síndrome General de Adaptación. Es decir, el conjunto de cambios psico-fisiológicos que se producen ante una situación o experiencia que se percibe como peligrosa para la integridad del sujeto.

 

El estrés es innato, su aparición es involuntaria y no requiere el control consciente, pero está sujeto al aprendizaje para adaptarse a la variabilidad de situaciones que se pueden dar. Por tanto se condiciona y requiere un manejo por nuestra parte que, en condiciones no extremas, puede determinar buena parte del ajuste o desajuste de la respuesta de estrés.

 

Lo mínimo que debemos hacer para querernos a nosotros mismos es mantenernos vivos. El estrés nos ayudará.

Las experiencias

En cuanto a las experiencias, la manera en que nos queremos ahora se sustentaría en aspectos como los siguientes:

En cómo nos han querido.

Me refiero a los padres o tutores durante la crianza y la educación. Hasta completar el desarrollo evolutivo del sujeto. Para la especie humana es absolutamente necesaria la educación, para el correcto desarrollo y la completa incorporación al grupo social.

 

Se sabe que la desatención y/o maltrato por parte de éstos produce graves dificultades en el desarrollo y por tanto problemas psicológicos clínicamente significativos.

 

Las personas que fueron criadas y educadas en entornos con un baja frecuencia de contacto físico afectivo tenderán a comunicarse de la misma manera y a sentir ansiedad, ante ese contacto físico y a la hora de demostrárselo a otros.

 

Nos adaptamos aprendiendo las estrategias que predominan en nuestro entorno. Otro modo sería absurdo.

El estatus socio-económico familiar.

Los entornos desfavorecidos dificultan el correcto desarrollo afectivo de la  persona, determinan el aprendizaje y las posibilidades de adaptación futura.

 

Según la OMS: “Si se quiere lograr un desarrollo sano en la primera infancia es preciso crear las condiciones adecuadas para que el niño, desde el periodo prenatal hasta los ocho años, se desarrolle por igual en los aspectos físicos, socioafectivos y lingüístico-cognitivos.” Ver enlace.

En cómo nos están queriendo ahora.

Un adulto que es y se siente querido, tenderá a quererse más, a cuidarse más. El rechazo por parte de las demás genera estrés, para evitar la soledad, que dificultaría la supervivencia, y para movernos hacia el restablecimiento de la integración en el grupo que facilita la supervivencia.

En cómo hablamos y pensamos.

Las palabras pueden expresar emociones y provocarlas. Si nos hablamos con valoraciones sesgadas que expresan incapacidad, incompetencia, desprecio, etc. Tendrá unas consecuencias. Dificultará la correcta comprensión de los acontecimientos asociados, amplificará las emociones pudiendo éstas interferir en la correcta adaptación del sujeto.

 

Hay que tener en cuenta que lo importante es el sesgo. Buscar y reconocer lo que hemos hecho mal es imprescindible. No se pueden resolver problemas adecuadamente sin tener en cuenta este paso. Pero si esa búsqueda y sus conclusiones están sesgadas, no se ajustan a los hechos, son injustas con nosotros mismos. Generarán malestar innecesario y dificultarán la resolución de problemas.

En cómo nos desenvolvemos y los resultados que obtenemos.

La vida de cualquier ser vivo gira alrededor de la satisfacción de necesidades. Solemos medirlo en términos de éxito/fracaso, que puede tener grados. Probablemente no existan el éxito y el fracaso absolutos; en situaciones naturales, no provocadas en un experimento o por convención.

 

El éxito en la satisfacción de necesidades implica supervivencia y bienestar, y por tanto emociones placenteras, valoraciones reforzantes. Algo cercano a querernos a nosotros mismos.

 

El fracaso implica la permanencia de la necesidad y por tanto del malestar, del dolor.

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¿Qué hacer?

No podemos retroceder en el tiempo para volver a vivir, para volver a aprender desde el principio. Pero podemos tomar parte en nuestro futuro.

 

Tendemos a pensar que tiene que ver con la relación que establecemos con nosotros mismos. Y quizá sea un aspecto importante. Pero desde mi punto de vista y del de la Psicología Conductual, debemos abordar de manera inexcusable nuestra relación con el entorno. Creo que es difícil quererse a sí mismo sin un buen ajuste con nuestro entorno, en los distintos ámbitos de nuestra vida. La sensación, la emoción de que nos estamos queriendo será una consecuencia del intercambio entre nosotros y el ambiente.

 

Podemos actuar, influir en nuestro entorno y en nosotros mismos. Podemos tener más herramientas para responder a nuestras necesidades, a las demandas del entorno,  aprovechar las posibilidades que nos ofrece. Estas son algunas de las alternativas que pienso que pueden ayudar.

 

Es interesante leer la entrada anterior del blog, titulada “Por qué necesitamos que nos quieran”.

1. Querer a los que tenemos alrededor.

Pertenecemos a una especie cuyos individuos necesitan apoyarse en otros de su misma especie para sobrevivir. Nos sentimos bien queriendo a otros y actúa como pegamento para mantenernos unidos, cooperar y así, aumentar las probabilidades de supervivencia.

 

Si no queremos o al menos respetamos al otro, difícilmente vamos a recibirlo nosotros.

2. Cuidar los hábitos básicos y los espacios en los que vivo.

Son dos pilares básicos en los que se asienta el bienestar psicológico. Suele decirse en Psicología que una adecuada estructuración del entorno del sujeto contribuye a una adecuada estructuración cognitiva. Espacios ordenados, ideas ordenadas. Sin pasarse…

 

Desde otro punto de vista, el entorno nos sostiene, no tiene sentido destruirlo.

3. Aceptar los hechos consumados.

La imposibilidad de viajar hacia atrás en el tiempo hace que ningún suceso ocurrido pueda hacerse desaparecer u obviar sus consecuencias en el entorno o en nosotros. Su aceptación agiliza el proceso de adaptación y evita sufrimiento innecesario. Lo cual no quiere decir que el dolor no sea parte necesaria en determinados sucesos, pero siempre tiene un límite en intensidad y duración, otro modo no sería adaptativo para cualquier especie.

4. Aceptar las limitaciones que implican los sucesos, también en nosotros mismos.

Nuestras especie y el planeta, parte de nuestro entorno, del que hemos surgido tienen límites físicos, principio y fin. El ser humano en su relación con la naturaleza, de la que extrae todo lo que necesita también tiene sus límites. El desarrollo evolutivo, resultado de la interacción entre el ambiente y el sujeto, también los tiene. Y pueden ocurrir sucesos que determinen la posterior evolución. En la vida, cuando te encuentras en un cruce de caminos, tomar un de ellos implica no tomar el otro. No se volverá al mismo punto para poder rectificar. Es totalmente humano y natural tener defectos o limitaciones. Incluso aceptarlo como necesario y positivo, si relativizamos nuestra predilección por “lo perfecto”.

5. Plan de vida para adecuarla a nuestros objetivos.

Un plan es básicamente la expresión de un proceso de cambio en el que se llevan a cabo unas actuaciones para conseguir unos objetivos en un tiempo determinado.

6. Relacionarse de forma asertiva. Poner límites adecuados a los que nos rodean.

Asertividad es comunicarse de acuerdo a unos principios que priman el derecho del individuo a ser él mismo, a mostrar su desacuerdo teniendo en cuenta los derechos del otro. “Encontrar el punto” entre lo que debemos aceptar y limitar en el comportamiento de los otros, es clave para unas relaciones adecuadas.

7. Aprender a valorar adecuadamente nuestro comportamiento y sus resultados.

La evolución histórica de nuestra civilización nos ha llevado, en mi opinión, a una excesiva separación de lo natural. Hacia una concepción del ser humano como ente aparte y no sujeto a las mismas leyes naturales que los demás animales. Una civilización que ha incorporado conceptos para entidades inexistentes como “la perfección”. ¿Qué es la perfección? ¿La ausencia de error? Parece que llevamos muchos siglos buscándola. La naturaleza, en sus manifestaciones, no es perfecta ni imperfecta. Es. Nosotros, en nuestra relación con ella, hablamos de imperfección o perfección. Creo que es una herencia recibida producto de la radicalización de conceptos, más útiles, como favorable-desfaborable, doloroso-placentero, adecuado-inadecuado para la supervivencia. A consecuencia de esto, es fácil que no juzguemos de manera adecuadamente ponderada nuestros resultados en el juego adaptativo. Valores como el inconformismo tienen dos caras, pueden servir como motor de cambio y de mejora pero también puede poner en peligro la supervivencia puesto que dificulta la vivencia de éxito, de llegar al final de algo que se empezó. De obtener el reforzador que instaurará la conducta, de cerrar el ciclo de aprendizaje para iniciar otro.

8. Aceptar los errores y darnos permiso para fallar. Rectificar en lo posible.

9. No exagerar cuestiones de imagen física. Nunca seremos el David de Miguel Angel o la Venus de Milo. Realmente no importa.

Incluyo este punto por la gran cantidad de mensajes que nos dicen que para estar a gusto con uno mismo, para tener buena autoestima, para ser feliz, para quererse a uno mismo, es necesario tener un determinado aspecto físico. Esto no tiene ningún fundamento científico. Poseer o conseguir una imagen acorde al canon imperante no lo garantiza en ningún modo. En la mayoría de los casos, estos mensajes, sólo responden a intereses de parte. Y en muchas ocasiones, llegar a tener un determinado aspecto físico implica una serie de efectos indeseables, incompatibles con lo que se pretendía, sentirse mejor con un mismo.

Espero que sea útil al mayor número de personas posible y especialmente a aquella que, expresamente, me lo pidió. Si te lo ha parecido a ti, estimado lector, puede que también lo sea para otras personas que conoces. Gracias por compartir.

¹idiográfico, ca

Del gr. ἴδιος ídios ‘propio, particular’ y gráfico.

1.adj. Dicho especialmente de una ciencia: Que describe hechos particulares o singulares.

²nomotético, ca

Del lat. mediev. nomotheticus, y este del gr. νομοθετικός nomothetikós ‘legislativo’.

1.adj. Dicho especialmente de una ciencia: Que enuncia leyes de validez universal o principios generales.

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2 Comments
  • Anónimo
    Posted at 12:09h, 01 diciembre Responder

    No solo me ha gustado bastante , es que además creo que aprender estas cosas debería formar parte de la vida cotidiana y nos ahorraría además muchos malos tragos y disgustos.
    Gracias Javier

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