28 Sep Depresión y fármacos.

El uso de antidepresivos es la primera opción que nos ofrece el Sistema de Salud como tratamiento después de un diagnóstico de depresión. Hay demasiadas voces expertas que advierten de la existencia de un sobre-diagnóstico y de un exceso de prescripción de este tipo de medicamentos en general, de los efectos tanto en la población como en la economía; y aseguran que no es la mejor opción en muchos casos. Veamos, qué se dice, para estar correctamente informados y, llegado el caso, tomar la mejor decisión posible.

Esta entrada se incluye en una serie de artículos dedicados a la depresión. Si prefieres empezar desde el principio, puedes hacerlo aquí:

En España, en el año 2015, el consumo de antidepresivos se ha triplicado desde 2005. (1)

 

La situación se hace más preocupante en lo que se refiere a los menores. La medicación se ha convertido en la primera opción para los niños y adolescente, conocer niños que toman psicofármacos se ha convertido en habitual. (2)

 

A pesar de que la propia Organización Mundial de la Salud lo desaconseja para los niños. Se desaconseja también, en primera opción, para los adolescentes. Y se recomienda el tratamiento psicológico para ambos. (3)

Aclaremos brevemente qué es un psicofármaco. Porque es probable que tengas más de uno en tu botiquín casero y no identificar de qué medicamentos estamos hablando.

 

Un psicofármaco es un medicamento, una droga, que administrado produce cambios en la actividad psicológica, ya sea cognitiva(mental), emocional o conductual. Crea dependencia y tolerancia.

 

Al decir droga, no pretendo desprestigiar lo definido, sino resaltar que un fármaco es una droga. Sin considerar si su uso es moralmente o no aceptable. Muchas personas identifican droga con droga ilegal. Muchas personas piensan que las drogas legales no son drogas. Es obvio que la droga ilegal es droga y que la legal también lo es.

 

Aquellos que se utilizan en Salud Mental se clasifican en 5 grupos:

– Antidepresivos

 

– Ansiolíticos

 

– Antipsicóticos

 

– Antirrecurrenciales

 

– Antiparkinsonianos

Sus nombres comerciales, los que aparecen en las cajas no suelen coincidir con el principio activo. Muchas personas no identifican lo que están tomando con el nombre de la sustancia estupefaciente o el grupo al que pertenecen.

 

En este enlace se pueden hacer búsquedas para los distintos fármacos y sus nombres comerciales. (4)

Los psicofármacos se siguen usando por diferentes causas:

  1. Los responsables de su fabricación, de su entrada en el mercado que son los Estados y de su prescripción, defienden su utilidad. En su contexto observan resultados y todavía no conceden suficiente credibilidad a la Psicología.

  2. Son tratamientos perfectamente asentados, al menos desde 1950. Tomar una pastilla es algo normalizado. Constituyen un importante sector de la economía, circunstancia que dificultaría su reconversión.

  3. Los Servicios Públicos de Atención Psicológica son insuficientes o no se conoce a un buen psicólogo privado.

  4. Permite tratar a muchos pacientes, y es más barato a corto plazo, en lo económico, que una terapia. Convirtiéndose en una opción más interesante para los gestores del presupuesto.

  5. Es cómodo, también para el paciente.

El aumento del consumo en los últimos años se debe a:

  1. Aumento de la demanda de atención por las consecuencias de la última crisis mundial.

  2. La incorporación de los médicos y pediatras de Atención Primaria a la evaluación y tratamiento de estos problemas, que antes eran competencia del nivel de atención secundario, del psiquiatra.

  3. La incesante y creciente apuesta de la Industria Farmacéutica por extender el uso de psicofármacos.

Hay estudios que muestran que los resultados de los antidepresivos no se diferencian del placebo, una pastilla falsa tiene tanto resultado como la auténtica. (5) Hay otros que muestran lo contrario, una pastilla falsa obtiene menos resultados que la auténtica. Esta discrepancia, al menos, puede estar indicando que la efectividad de los antidepresivos es dudosa y debe intentar aclararse esta circunstancia.

 

Lamentablemente, a día de hoy para formarse una opinión a partir de un estudio, no basta con saber leer, hay que saber de metodología experimental y de estadística. Porque muchos están hechos a medida de quien los paga. Esto lo dice el Gobierno de España en su Guía de Práctica Clínica para la Depresión en la página 95. (10)

 

Algunos de los que han dedicado buena parte de su vida a la defensa de esta práctica y han gozado de importantes medios a su disposición para la investigación, terminan por cambiar de posición.

 

Como, por ejemplo, Thomas Insel. Ex-director de NIMH (Instituto Nacional de Salud Mental de EEUU) y ex-responsable en Verily Life Sciences (Filial de Alphabet Inc, Grupo Google):

“Pasé 13 años en NIMH impulsando la neurociencia y la genética de los trastornos mentales. Cuando miro hacia atrás me doy cuenta de que tuve éxito en conseguir un montón de documentos muy “cool”, publicados por científicos “cool”, a costes bastante grandes -creo que unos 20.000 millones de dólares- , no creo que hayamos conseguido nada para reducir el suicidio, reducir las hospitalizaciones y mejorar la recuperación de las decenas de millones de personas que padecen enfermedades mentales. Me siento responsable por eso.” (6)

 

Su sinceridad le honra…, lo malo es que parece que su sustituto en el NIMH pasará otros tantos años gastando; dejándonos, quizá, el consuelo de sincerarse después… Mientras la rueda sigue rodando, por la misma rodada, a pesar de las evidencias que aconsejan dar oportunidad a propuestas alternativas contrastadas.

 

Según el Servicio de Salud Mental británico, probablemente el más prestigioso en la actualidad, la terapia cognitiva-conductual para la depresión y la ansiedad infarto-juvenil es la alternativa más rentable comparando costes y beneficios. (7)

 

Las principales guías de práctica clínica basadas en la evidencia científica, recomiendan las terapias cognitivo-conductuales como el tratamiento de primera elección para la depresión leve y moderada. (8)

De los efectos adversos, creo que no es necesario detenerse a argumentar o citar algún estudio, puesto que todos los fabricantes reconocen su existencia en el propio prospecto incluido en todas las cajas de todos los psicofármacos.

Entiendo que haya profesionales que defiendan el uso de antidepresivos para tratar la depresión. Es lo que han estudiado, es lo que les dicen aquellos que se encargan de investigar y es lo que ven en sus consultas todos los días. Es perfectamente comprensible que no defiendan algo que no conocen y que les cueste dejar a un lado su formación, su trabajo.

 

Porque, no puede decirse que un antidepresivo no haga efecto. En ese caso sería placebo. Y no es extraño que un médico base su tratamiento en la administración de fármacos. Es lo que se hace en otras ramas de la Medicina y, no nos podemos quejar de su progresión, muchas veces funciona. Y, supongo, que es lo que espera el paciente, que le dé alguna receta que resuelva o mitigue su enfermedad.

 

Esto no significa que sea la mejor opción. Una cosa es la Medicina y otra es la Psicología. Una cosa son las disfunciones del cuerpo y otra la conducta. Conozco personas que se despiertan angustiadas por las mañanas, van al bar, se toman un sol y sombra y comienzan el trabajo mucho más relajadas y seguras de sí mismas. Por el propio efecto beneficioso a corto plazo del “copazo”, se convierte en alcoholismo, que consigue sumar la ira, los síntomas psicóticos y la desestructuración social y personal, a la angustia inicial. El miedoso deviene en chisposo para terminar en aterrado, convirtiéndose en un peligro para él y para los que le rodean. La socialización de esta, entre comillas, solución a la angustia, amén de otras causas; ha generado graves problemas sociales que todos conocemos. Podemos sustituir alcohol por cualquier otra droga. El efecto inicial mitigador del síntoma termina por actuar como reforzador, aumentando el síntoma a medio y largo plazo.

Estoy seguro de que hay personas cuya desestructuración y cúmulo de desgracias; situaciones que difícilmente un médico, en ese momento, sólo, con los medios que le proporcionan; puede atender, aminorar en lo que esté en su mano, el sufrimiento de esas personas. Estas situaciones, como en entornos muy desfavorecidos, requerirían de una respuesta que abarcara todas las áreas implicadas. Una intervención que corresponde a los puestos electos de la administración y no al médico que tiene que atender con las herramientas que tiene a su alcance.

 

Durante estos años no he trabajado en entornos desfavorecidos con situaciones de marginación social o pobreza extrema, más bien todo lo contrario y el uso de fármacos ha sido algo habitual y normalizado.

 

Pero, también es cierto que hay muchas personas que comienzan a tomar antidepresivos y no los necesitan. Su afección remitiría espontáneamente en unas semanas por un cambio en las circunstancias que produjeron la caída o por la terminación de un duelo.

 

O personas cuyo problema incipiente puede tratarse con una adecuada ayuda y asesoramiento psicológicos. Que ayuden a afrontar el duelo de forma natural y constructiva, que consigan un cambio en la forma de afrontar las situaciones, que ayuden a tomar decisiones y a propiciar cambios en el entorno que, no sólo reajusten el estado emocional de esa persona, sino que consigan impulsar su futuro y prevenir futuras recaídas.

 

Muchas personas terminan estando deprimidas después de pasar un vía crucis con la ansiedad y los ansiolíticos, por un diagnóstico previo erróneo que empeora la situación y como consecuencia del agotamiento se cae en la depresión.

Pensando, ahora, en mi experiencia estos últimos 17 años. La mayoría de las personas a las que he ayudado, desgraciadamente también niños, estaban ya tomando un psicofármaco o varios, antes de empezar conmigo.

 

Pero, y esto me parece muy significativo, en todos estos años, todos aquellos casos que me han llegado si medicar, no han necesitado hacerlo. No he necesitado apoyar mi trabajo con un tratamiento psicofarmacológico en ninguna ocasión.

 

Añado que no incluyo aquí los casos de esquizofrenia y otras formas de psicosis porque no los he tratado. Carezco de experiencia en estos trastornos y por tanto no opino.

 

No sé cómo sería sacar a una persona que ha sufrido una experiencia de ese tipo sin medicación. Pero sí sé cómo es sacar a una persona de una depresión que aún no se ha medicado.

 

Y sí lleva años tomando antidepresivos o cualquier otro fármaco, también puedo levantarla. Será más laborioso. No habrá que demonizar el fármaco, ni retirarlo inmediatamente. Habrá que trabajar para levantar el ánimo de esa persona, hacer esos cambios de los que hablaba. Y cuando haya recobrado suficiente fortaleza. Retirar progresivamente la medicación con el consenso y las indicaciones del médico que prescribía el tratamiento.

 

Nunca se debe tomar o dejar de tomar un psicofármaco sin la supervisión del médico. La probabilidad de sufrir efectos adversos y experiencias muy desagradables es alta. No lo hagas.

Quizá te hayas preguntado, querido lector, qué pinta Andrés Iniesta en la portada de esta entrada.

 

Parece que Iniesta, según el periódico El País, se encontraba deprimido unos meses antes del Mundial de Fútbol de Sudáfrica. El propio y posteriormente, permíteme la licencia, héroe nacional, declaró:

 

“La bola se va haciendo cada vez más grande. Te encuentras mal y la gente que te rodea no lo entiende. Y el Andrés que todo el mundo conoce se está quedando vacío por dentro. Eso es duro, muy duro…”

 

Además parece que cuando vemos que alguien que admiramos va al psicólogo, nos ayuda a normalizar y dar el paso de acudir. Porque, según el citado periódico. Iniesta acudió a una psicóloga a la que, como dicen nuestros hijos, “le petaron el teléfono” cuando se supo que el mismo que estaba deprimido, consiguió levantar su estado de ánimo y hacernos felices a todos. (9)

 

Porque, ¿cómo podemos llamar a lo que sentimos cuando este discreto pero gran hombre, inclinó su cuerpo hacia la izquierda, en el Estadio Soccer City, para enganchar una bolea de derecha y empalar un tiro hacia el poste izquierdo, inalcanzable para el holandés Maarten Stekelenburg?

 

No sé cómo lo llamaríamos, pero parece que no sólo los psicofármacos pueden cambiar nuestro estado de ánimo.

Gracias por tu atención. Hasta dentro de 15 días. Si el artículo te sugiere comentarios o preguntas, podemos intercambiar pareceres, es anónimo. Y si le das al me gusta y todo lo demás, pues…, siempre viene bien.

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