16 Nov Expatriados. Trabajar en otro país. Riesgos y protecciones.

Dejar la familia para trabajar en el extranjero, desplazar la familia al completo o simplemente encontrarse solo por primera vez viviendo lejos de casa sin la madurez suficiente, son decisiones importantes y que a veces tienen consecuencias trascendentales para el bienestar, el desarrollo y la salud de estas personas. A lo largo de los años he ido estudiando y dando respuesta a estas situaciones. En este artículo comienzo una reflexión, aportando algunas propuestas para una mayor protección.

A medida que nuestro país ha ido incorporándose al sistema de vida de los países desarrollados, hemos incrementado nuestra movilidad geográfica. Viajamos más por placer pero también lo hacemos por trabajo o estudios.

La movilidad geográfica y la expatriación son fenómenos tradicionalmente ligados al Cuerpo Diplomático o a ejecutivos, por ejemplo. Según Polanco Pantoja (2013): “Un expatriado es pues un trabajador más de la empresa asignado a una misión especial en el extranjero.” (1)

 

Nuestra condición de país desarrollado ha aumentado el número de sectores susceptibles de pertenecer a esta categoría.

 

Enviar a nuestros hijos a estudiar al extranjero o a trabajar para mejorar un idioma, será cada vez más frecuente.

 

Durante mis años de ejercicio profesional, he tenido contacto con familias para las que la movilidad geográfica era un aspecto central. Y, generalmente, no he percibido que fueran conscientes de su importancia, de su influencia en los miembros de la unidad familiar y de los riegos que puede conllevar.

 

Poco a poco he ido dándome cuenta de la trascendencia de este asunto, de la necesidad de ser conscientes de los riesgos y de aprender a protegernos a nosotros y a nuestros hijos, en caso de que nuestra familia o alguno de sus miembros se traslade a vivir o a estudiar a otro país.

 

Todo cambio requiere una adaptación. Cuanto mayor sea la cantidad de cambios a afrontar, más complicada, y por tanto estresante, será la adaptación. La expatriación conlleva cambios numerosos y de mucha importancia. Estamos ligados a nuestro entorno y cambiarlo bruscamente, implica muchas perdidas y muchas incertidumbres. Que a su vez favorecen el desajuste emocional.

 

Los niños sin excepción y los adultos con problemas psicológicos serán más susceptibles de sufrir las consecuencias de una deficiente adaptación. Por tanto se deben extremar las precauciones y planificar el proceso de adaptación a las nuevas circunstancias.

 

Toda persona expuesta a un cambio tan drástico es susceptible de verse en una situación complicada y sufrir sus efectos psicológicos. Crisis de ansiedad, episodios psicóticos agudos, depresivos, problemas de control de impulsos como abuso de drogas, prostitución o juego u otros trastornos psicológicos.

SUPUESTO 1: Adulto expatriado.

 

Según Vidal (2005), las competencias clave para ejecutivos expatriados, algo así como los criterios de selección que usan las empresas, son las siguientes (2):

  1. Iniciativa y capacidad de planificación.

  2. Amplitud de juicio y comprensión de los problemas.

  3. Flexibilidad y tolerancia al estrés.

  4. Automotivación.

  5. Sociabilidad.

  6. Pensamiento multicultural y capacidad de adaptación a la diversidad.

Resulta curioso que las 6 competencias son de tipo psicológico. Tanto estudiar y luego, lo más importante es lo que te puede enseñar un psicólogo… Teniendo en cuenta el desequilibrio existente, en nuestro Sistema Educativo, entre las competencias académicas y las psicológicas, estamos dotando de una preparación insuficiente a nuestros alumnos. Reduciendo sus posibilidades de desarrollo laboral y  añadiendo un factor más de riesgo en caso de movilidad geográfica.

En todo caso, a un expatriado le esperan retos importantes como:

  1. Gestionar la separación emocional de su familia manteniendo un contacto frecuente y de calidad.

  2. Instalarse adecuadamente en su nuevo destino conociendo su geografía, su historia, situación política, cultura y costumbres; comenzando a utilizar el nuevo idioma, si ha lugar, a la mayor brevedad.

  3. Observar los hábitos básicos. Comida, sueño e higiene. Muy importantes para mantener el ritmo de trabajo, contrarrestar el estrés y favorecer el pensamiento ordenado.

  4. Incorporarse al nuevo puesto. Procurando adecuar el ritmo de incorporación a las circunstancias del puesto. Cuidando las primeras relaciones con jefes, compañeros y subordinados. Observando el funcionamiento y comportándose para mejorarlo sin invadir responsabilidades de otros.

  5. Establecer nuevas relaciones sociales. Aspecto muy importante para mantenerse psicológicamente estable. Eligiendo las compañías adecuadas y procurando establecer un círculo amplio de amistades que minimice el riesgo de aislamiento en caso de conflictos personales sin solución.

La adecuada gestión de estos aspectos influirán en la adaptación, en el éxito de la misión y de la apuesta familiar; y mejorará la protección ante los riesgos. Una experiencia complicada puede ser muy positiva, si se sabe aprovechar.

Como he comentado antes, aquellos adultos que sufran problemas graves de ansiedad o depresión, por citar los más frecuentes, estarán en serio riesgo y deberían contar con la supervisión de un psicólogo. O contratarlo en cuanto perciban el riesgo.

 

Te espero en la próxima entrada, donde trataré los supuestos 2 y 3. Sobre familias que se trasladan al completo e hijos que se trasladan a estudiar o trabajar.

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