30 Nov Familias expatriadas. Riesgos y protecciones.

En ocasiones, ante una propuesta de trabajo en el extranjero, es la familia la que se traslada al nuevo destino de uno de los padres, lejos del domicilio habitual. Esta expatriación plantea retos diferentes. ¿Cómo afecta a cada miembro? ¿Qué diferencias hay según la edad de los hijos? ¿Qué pueden hacer los padres?

SUPUESTO 2: Familia expatriada.

 

Mientras que en el supuesto anterior, el adulto abandona temporalmente el hogar familiar para trabajar en otro territorio (1), distinto al habitual. En este supuesto, la pareja acompaña al expatriado en compañía de los hijos, por tanto éste no tiene que gestionar la soledad o la añoranza de la pareja y de la tierra. Pero sí, el estrés que supone, para todos los miembros, el cambio y la adaptación a un entorno totalmente nuevo.

Ramón Pin y García Lombardía en su trabajo para el IESE Business School resaltan las dificultades y la necesidad de ayudar con el traslado y la adaptación:

 

“La expatriación supone un coste elevado para la empresa y, en muchas ocasiones, el traslado de la familia del expatriado, que debe adaptarse a vivir en otro entorno cultural. Son muchos y muy diversos los retos que este proceso plantea a la empresa y al propio expatriado: algunos personales (adaptación al nuevo entorno, movilidad familiar, etc.) y otros de tipo profesional y organizativo (repatriación, posibilidades de carrera internacional, aprovechamiento de la experiencia, costes, etc.). Las empresas, conscientes de las dificultades que entraña la expatriación, ponen en marcha un amplio conjunto de ayudas y beneficios que faciliten el traslado y la adaptación al nuevo entorno.” (2)

 

El adulto expatriado para trabajar tiene retos y objetivos claros, horarios y actividades organizadas, relaciones sociales diarias con compañeros. El cónyuge, sin embargo, generalmente mujer, no suele contar con esta organización de tiempo que ayude a regular con rapidez su adaptación. Tampoco cuenta con la misma motivación del expatriado. Puede que haya renunciado a su propio desarrollo profesional en favor del otro. Puede encontrarse en un lugar nuevo, desconocido, privada de aquello que le mantenía psicológicamente sano. Tiene más dificultades para generar nuevas relaciones sociales. Más riesgos de desajuste psicológico.

 

Ramón Pin y García Lombardía, recogen en su anexo, opiniones y vivencias de expatriados. Uno de ellos, empleado de Schindler, declara lo siguiente:

 

“Para que la expatriación sea un éxito, personal y profesional, la pieza clave es el cónyuge, en el caso de los casados. Tú estás todo el día trabajando, casi como podrías estar en España. Pero la otra persona es la que más vive la expatriación. Y el cónyuge es el motor o el freno en este proceso. Hay que tenerlo muy claro y generar el circulo de relaciones necesario.” (3)

Por tanto, será tan fundamental atender la adaptación del cónyuge como la del trabajador. Atendiendo a los siguientes aspectos:

    1. Su estado psicológico previo. Las personas con problemas psicológicos importantes como trastornos de ansiedad, depresión, etc; deberán tener especial cuidado.

    2. Su implicación en el proyecto. Debe estar comprometido y de acuerdo con el cambio.

    3. Debe ser incluida en la política de apoyo que lleva a cabo la empresa en el destino.

    4. Fomentar y cuidar las nuevas relaciones sociales. Procurar que éstas no se limiten a las relaciones dentro del círculo de la empresa. Si es posible y conveniente, abrirlas a otros extranjeros y a personas autóctonas, a fin de mejorar la integración en la nueva cultura.

    5. Apoyo, agradecimiento y atención por parte del trabajador hacia el cónyuge.

    6. Formación y asesoramiento acerca de la cultura y las costumbres del nuevo país.

    7. Observar y planificar el trabajo de atención y educación de los hijos y/u otros objetivos laborales si hubiera lugar.

    8. Observar y dar calidad al tiempo de ocio para compensar el estrés que conlleva un cambio tan significativo.

Los hijos son los más vulnerables en estas situaciones. Deben ser protegidos, cuidando de su adaptación y de su bienestar, ayudándoles a resolver los múltiples problemas nuevos a afrontar. Encontraremos diferencias según la edad:

 

0 a 3 años

 

A esta edad no son tan importantes los cambios de lugar como los cambios de personas. Interpretará las situaciones en función de cómo lo hagan los otros miembros de su familia. “Leyendo” las emociones de éstos, presentes en cada situación. Si la familia vive con normalidad, con el menos estrés posible la expatriación, el niño también lo hará.

 

Téngase en cuenta que en ocasiones el cambio de país, de domicilio, puede conllevar cambios en las personas de servicio, encargadas de cuidar a los niños. Este cambio sí puede ser importante y generador de estrés y problemas de adaptación para el niño. Esta circunstancia también puede afectar a los niños de los siguientes grupos de edad, especialmente si ha existido una relación duradera con las personas de servicio, que permanecen en el país de origen.

 

3 a 6 años

 

Además de lo anterior, en este grupo de edad habrá que cuidar aspectos como la integración escolar, las relaciones con iguales, así como los cambios en el uso y frecuencia de los idiomas materno y otros. Esta circunstancia puede producir desfases en el aprendizaje. El riesgo dependerá entre otras cosas de la exigencia del nuevo centro y su estrategia de compensación de estos desfases y dificultades de integración.

 

6 a 12 años

 

Es probable que para estos niños sea más difícil dejar atrás su hogar, sus amigos y su colegio. Sus amigos ya son muy amigos, le puede haber costado conseguirlos y puede darse cuenta de que no será fácil en otro país. Será conveniente buscar su consenso en la decisión, empezar la aventura con el niño en contra no es el mejor escenario. Esto no quiere decir que sea el niño el que decida. Generalmente, si se le habla con franqueza, haciéndole ver que ya es mayor para entenderlo es muy probable que dé su aprobación al proyecto.

 

Habrá que procurar espacios de comunicación para poder apoyar y asesorar al niño en sus dificultades. Y velar para que su adaptación sea correcta en todos los aspectos.

 

12 a 18 años.

 

De acuerdo o no con el cambio, y teniendo en cuenta la importancia del papel central del grupo de iguales tiene en esta etapa, es probable que la expatriación de la familia ejerza un efecto desestabilizador en el adolescente. Aunque bien puede darse el caso en que el adolescente esté de acuerdo y motivado con el cambio.

 

Recordemos que la adolescencia no es una etapa del desarrollo humano propiamente dicha, sino más bien un artificio añadido como consecuencia de la necesidad de alargar la formación y la adaptación a una sociedad industrial desarrollada. No hace mucho tiempo, y todavía hoy en algunas culturas, se pasaba de la infancia a la edad adulta con un ritual de paso cuya duración es insignificante, comparada con nuestra adolescencia.

 

Se dice que es una etapa conflictiva, no tiene por qué. El niño ha crecido y ve las cosas de otra manera. Pero sigue creciendo, hay cosas que no entiende, otras que ve muy claras. Necesita oponerse para terminar de formar su identidad.

 

Una expatriación genera muchas incertidumbres, muchas preguntas sin respuesta inmediata. ¿Cómo será el nuevo colegio? ¿Cómo me recibirán? ¿Tendré amigos? ¿Tendré problemas con el idioma? Puede sentirse obligado a un cambio que puede no salir bien, y generar un conflicto serio con sus padres.

 

Las recomendaciones, siempre muy difíciles por la diversidad de casos que se pueden dar, los múltiples factores en juego y , van en la misma línea del anterior grupo de edad. Habrá que observar la evolución de su adaptación, especialmente en las relaciones sociales y la adaptación escolar. Mantener espacios de comunicación para detectar y responder con rapidez a los problemas que puedan surgir.

En resumen, es recomendable tomar en serio los aspectos psicológicos de una expatriación, los riesgos del cambio, tener una planificación para la correcta incorporación y actuaciones preparadas para los posibles problemas que puedan aparecer.

 

Si necesita, o conoce a alguien que pueda necesitar asesoramiento para la prevención o atención para una situación problemática, puedo ayudarle, póngase en contacto y le explicaré el procedimiento.

 

En el próximo artículo de esta serie dedicada a la expatriación trataré el supuesto 3. Donde reflexiono sobre los jóvenes no emancipados que salen al extranjero a estudiar o a trabajar. Gracias por su confianza.

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