14 Jun Identificar el miedo

En una cultura como la nuestra, sustentada en la razón y en el éxito de la ciencia. Es normal que pensemos en conocer y controlar el miedo como medio de gestionarlo y hacer con él lo que se supone que se debe hacer. Entender qué es el miedo, identificarlo, distinguiéndolo de otras experiencias, ser consciente de su aparición, de su desarrollo y de su finalización, de las sensaciones, de su utilidad o de sus riegos.

 

A mí mismo, no me son ajenas las demandas de clientes que me piden que les enseñe a controlar el miedo, me piden estrategias, trucos; o que se lo enseñe a sus hijos. “Este niño tiene que aprender a controlarse, necesita habilidades de autocontrol”. Entre las que estaría la identificación del miedo. El modelo cognitivo-conductual ha mejorado los resultados de sus predecesores. Y ha ido incorporándose al acervo cultural.

 

Es una forma de entender el miedo muy comprensible y propia de nuestra cultura. Encaja perfectamente en nuestro patrón. El miedo es algo a evitar, es un síntoma de debilidad, es adecuado mantenerlo bajo control, vigilarlo para que no gane terreno o, incluso, para servirnos de él.

 

Pero como la propia ciencia nos enseña, toda ley científica o experimento puede y debe someterse a revisión, réplica, refutación y reformulación. ¿Y quién no ha oído últimamente que lo importante es tener criterio propio y preguntarse sobre las cosas sin aceptarlas sin más? Así que estamos obligados a cuestionar y cuestionarnos, si queremos ser “modernos”, “competitivos” e “inteligentes”. Claro que lo contrario no se oye tanto pero quizá se vivencia más en el día a día. Decimos que hay que cuestionar y ser crítico pero llevamos bastante mal que nos cuestionen.

De modo que, a pesar de los avances y aplicaciones de los modelos cognitivos en Psicología (1) y de lo útiles que me han sido estos años de ejercicio profesional. Estoy obligado a preguntarme, con motivo del comentario de Rocío, si sería correcto proponer el identificar correctamente del miedo como medio para gestionarlo adecuadamente. ¿Es imprescindible? ¿Puede hacerse una propuesta que le sirva para todo lector potencial de este artículo? O sería más apropiada una respuesta personalizada, de acuerdos a sus particulares circunstancias.

 

Podríamos pensar que identificar el miedo es necesario para que su aparición  y su desarrollo no interfieran en nuestros actos. Para que no nos bloqueemos o para servirnos de él.

 

Identificar el miedo no es difícil. Es la sensación de que nos va a pasar algo malo. Es muy difícil que durante nuestra infancia, cuando empezamos a ser conscientes del miedo, nuestros padres o educadores no nos hayan enseñado, de una u otra manera, qué es. Asociando la experiencia de miedo a la palabra. Todos lo conocemos.

 

Pero dejar de mirar a nuestro alrededor para resolver lo que nos produce miedo, evitarlo si es necesario o comprender lo que ocurre para reducir el miedo. Para fijar nuestra atención en sensaciones para corroborar que estamos teniendo miedo, algo que ya sabemos, puede ser contraproducente en muchas situaciones y para muchas personas.

 

Muchos aprovechamos las vacaciones para hacer alguna caminata o subir algún monte, poco entrenados y a veces inconscientes de la dureza del camino, vamos charlando mientras la ruta se empina. No es raro que de pronto nos sintamos sin aire y nos fijemos en nuestra agitada respiración. Produciendo muchas veces un aumento del sofoco por un ritmo inadecuado de la misma.

 

Generalmente no nos fijamos en la respiración, no es necesario, funciona sin necesidad de control consciente puesto que es un comportamiento controlado por el Sistema Nervioso Autónomo, como la digestión y otras muchas funciones del organismo. Y, a veces, cuando nos fijamos no es más difícil acompasarla.

 

Lo mismo puede ocurrir con el miedo. El miedo es innato, pero cambia con la experiencia, y su aparición no tiene porqué deberse a una decisión del individuo de poner en marcha la respuesta de alarma. Aparece ante estímulos que nos dan miedo a todos, como unos ojos en la oscuridad o el abismo; o ante estímulos que por condicionamiento se han convertido en peligrosos a través de la experiencia.

 

Así que es posible que lo más aconsejable para el lector sea centrarse en mejorar sus circunstancias en vez de centrarse o preocuparse por el miedo, que aparecerá y desaparecerá cuando sea conveniente.

 

A veces cuando perdemos el ritmo de la respiración, tenemos que hacernos conscientes de ella e ir acompasando sus fases de inspiración y espiración al ritmo de la marcha, hasta que se ajusta y podemos comenzar a disfrutar del paisaje y dejar de hablar porque podríamos volver a perder el ritmo.

 

En caso de tener algún problema que haga necesario un entrenamiento, deberá adecuarse a cada persona. Unas personas necesitarán aprender más sobre el miedo, y otras a planificar y desarrollar una nueva etapa de su vida más satisfactoria, que minimice los malos momentos, los fracasos y las crisis. Y que sea coherente con las circunstancias y las posibilidades de cada persona.

 

El ejercicio más fructífero podría ser, no tanto hacerse consciente o intentar controlar, sino más bien normalizarlo para que deje de ser considerado dañino o vergonzante.

 

“Dejar de tener miedo” puede ser muy peligroso, aunque muy valorado socialmente. Pienso en ese español que perdió su vida en Londres intentando salvar a un policía en el último y condenable atentado. Probablemente su comportamiento sea considerado como heroico para la mayoría, seguramente para su familia fue una temeridad innecesaria, una tragedia de consecuencias irreparables.

Referencias y enlaces:

(1) La eficacia de la terapia cognitivo-conductual a lo largo de 40 años

Foto: Alfred Hitchcock.

¿Por qué hay tantas personas que sufren depresión?

¿Qué es la depresión?

¿Por qué hemos conseguido erradicar tantas enfermedades y la depresión no?

¿Estamos haciendo lo correcto?

¿Qué errores podemos estar cometiendo?

¿Qué se puede hacer?

Son preguntas que intentaré responder en esta serie de artículos agrupados en la categoría “Depresión”.

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1Comment
  • Anónimo
    Posted at 12:09h, 14 junio Responder

    Me ha gustado mucho este artículo. Volver a tener ilusiones, hacerse una vida a la medida, en lugar de esa agotadora lucha sin cuartel contra el miedo. Creo que el miedo pierde protagonismo cuando empezamos a sentir y a creer en lo que de verdad queremos y en cualquier caso estaremos disfrutando y no sufriendo.
    Gracias Javier.
    Yo tambien creo que no fué un héroe…tal vez un inconsciente, tal vez dejó a seres queridos destrozados ¿para?

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