19 Dic La depresión: ¿Qué estamos haciendo mal?

Después de conocer, en los dos artículos anteriores, la situación de la depresión en la actualidad, el conjunto de actuaciones utilizadas para resolver el problema a lo largo de los últimos 100 años y el sistema de abordaje actual. Continuemos, gracias por estar ahí, con nuestro análisis razonado.

Puedes comenzar a leer desde el principio si lo deseas.

Vista la situación actual, siendo la principal causa de discapacidad en el mundo, contando el número de afectados en 350 millones de personas y el gasto económico que su crecimiento va a suponer para todos nostros. Es obligado preguntarse si las teorías y las prácticas utilizadas son eficaces y eficientes, si contienen errores en su contenido y en su aplicación.

Sigamos avanzando, recordemos la propuesta que la Medicina ha venido desarrollando para atender la depresión y otros problemas hasta nuestros días. Estableciendo los protocolos de atención que pagamos y utilizamos hoy en día en nuestro Sistema Nacional de Salud. Descrito en el artículo anterior, titulado: ¿Qué es la depresión?

Situémonos a principios del siglo XX. 100 años de revolución industrial, desarrollo de la ciencias, el aumento de la población, los movimientos migratorios a las ciudades, Europa cocinando su primera guerra mundial, etc.

  1. Aumento de la demanda de atención.

  2. La Psiquiatría nace en 1892 como rama de la Medicina para aumentar la dedicación y el esfuerzo a responder a la demanda.

  3. El problema se tipifica como enfermedad.

  4. Las enfermedades deben ser diagnosticadas, diferenciadas unas de otras. Se utilizan clasificaciones de las distintas enfermedades.

  5. Toma el modelo de la Medicina, ahora conocido como modelo bio-médico, plenamente ya, a finales de la década de 1930.

  6. Su causa debe ser biológica. Basada en un mal funcionamiento de los órganos implicados. Fundamentalmente el sistema nervioso.*

  7. El tratamiento debe ser curativo o sintomático, en caso de no tener cura. Debe ser etiológico, dirigido a erradicar o paliar las causas.

  8. Se utilizan tratamientos de electrochoque que actúan sobre el sistema nervioso. Utilizados como alternativa en la actualidad para casos graves. Su uso parece ir en aumento.

  9. Se utilizan tratamientos de cirugía en el cerebro. No utilizados en la actualidad.

  10. Tratamientos farmacológicos que comienzan a finales la década de 1940. Actualmente, son los más utilizados. suministrados por una industria de titularidad privada.

  11. Tratamientos psicológicos. La Psicología Clínica ha ido incorporándose a los Servicios de Atención Secundaria como complemento al tratamiento farmacológico. Claramente insuficientes dada la demanda actual.

  12. Curación y cronificación. Finalmente, o se obtiene una cura para la “enfermedad” o ésta se mantiene de por vida, se hace crónica. E implica un tratamiento de por vida para paliar los síntomas y para tratar otras enfermedades, “mentales” o físicas, que la cronificación va causando o favoreciendo.

* Nota: Otros médicos como Freud con el psicoanálisis. Consideraban la enfermedad mental como producto del funcionamiento de la mente, dotada, según sus teorías, de entidad tan real y transcendental como el sistema nervioso. Téngase en cuenta que estamos revisando cómo nos atienden nuestros médicos de atención primaria y secundaria. A los que consultamos todos. Y no los distintos enfoques que se ha utilizado. El modelo psicodinámico de Freud y otros no se utilizan oficialmente en el S.N.S. Español.

Pero, ¿y si nos estuviéramos equivocando? ¿Y si la depresión no fuera una enfermedad? ¿Y si el modelo bio-médico no fuera el más adecuado? ¿Y si los tratamientos farmacológicos no fueran la mejor opción?

No faltan voces críticas que ponen en duda las actuaciones en esta materia. Conozcamos brevemente a alguno de los más destacados.

Allen J. Frances es un psiquiatra estadounidense, catedrático de la Universidad de Duke. Autor del libro “¿Somos todos enfermos mentales?” Dirigió el equipo que elaboró la cuarta versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV). Se ha mostrado descontento con los resultados de la aplicación del DSM-IV. Actualmente se ha mostrado en total desacuerdo con la 5ª versión, de reciente aparición.

 

Se puede seguir su actividad en Twitter. Ver enlace.

Entrevista en Jot Down. Ver enlace.

En el siguiente video podemos ver un reportaje de TVE sobre Allen Frances.

Robert Whitaker es un periodista estadounidense especializado en temas de medicina, ciencia e historia. Su libro “Anatomía de una epidemia”, un concienzudo estudio sobre la situación actual, no ha dejado indiferente a ninguno de los sectores implicados en la salud mental.

En el siguiente video podemos ver al autor hablando de su trabajo.

Marino Pérez Álvarez es un psicólogo español, catedrático del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo. Se ha destacado, no sólo por la crítica argumentada al modelo bio-médico, sino por ofrecer alternativas terapéuticas con el rigor científico exigible.

 

En el siguiente video podemos ver al autor en una conferencia llamada “Confrontando el cerebrocentrismo”. Donde analiza un movimiento, actualmente, en expansión.

¿ES LA DEPRESIÓN UNA ENFERMEDAD?

La depresión es considerada como enfermedad mental por la O.M.S. y por todos los organismos encargados de cuidar de nuestra salud. Es diagnosticada y tratada como tal. En su momento hubo un movimiento con la pretensión de sustituir el término por Trastorno Mental, quizá pensando que el estatus de “trastornado” sería menos estigmatizante que el de “enfermo”. En la actualidad coexisten ambos términos.

 

Generalmente, como expliqué en el artículo “¿Qué es la depresión?”, una enfermedad se manifiesta a través de unos síntomas que sugieren un mal funcionamiento biológico, de un órgano o de un sistema del cuerpo. Cuando se ha encontrado un indicador biológico mediante una prueba de laboratorio o a través de un aparato. Se emite un diagnóstico apoyándose en dichas pruebas.

 

La cuestión es que para la depresión no se ha encontrado ese indicador biológico. Tenemos los síntomas, tenemos las hipótesis de una disfunción cerebral o neuroendocrina (neurotransmisores). Pero ni los análisis de laboratorio, ni las modernas pruebas de neuroimagen han conseguido encontrar un indicador biológico inequívoco, que permitiría diferenciar inequívocamente las personas sanas de las enfermas.

 

A pesar de existir multitud de estudios y grandes esfuerzos por parte de la industria asociada a la medicina, no se ha conseguido encontrar una prueba concluyente o un aparato en el que apoyar el diagnóstico. En ausencia de indicador biológico, la depresión no puede tener el mismo estatus de enfermedad que la fiebre amarilla causada por un virus y transmitida por un mosquito. Incluso, en estas condiciones, estos problemas podrían dejar de considerarse como enfermedades o trastornos.

 

Cualquier persona que haya buscado ayuda para la depresión en el S.N.S. sabe que su diagnóstico se produjo a partir de unas preguntas por parte del médico, o como máximo a partir de un test confeccionado con preguntas. Y que será el criterio del médico y no una prueba de las usadas para las enfermedades médicas, lo que determinará el juicio diagnóstico.

 

La infructuosa búsqueda durante 100 años de ese indicador biológico ha provocado la aparición de críticas y propuestas alternativas a considerar la depresión como una enfermedad.

José Javier Moreno Arnedillo, Psicólogo Clínico del Ayuntamiento de Madrid en su presentación para la Revista Papeles del Psicólogo del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, del libro LOS PROBLEMAS PSICOLÓGICOS NO SON ENFERMEDADES de López, E. y Costa, M.; describe cómo se produce el proceso de explicación de la enfermedad mental en el modelo biomédico.

“Ciertamente, la falta de evidencias sobre las causas cerebrales de los problemas de comportamiento nunca ha detenido el proceso de patologización de los mismos. El proceso es mucho más simple. López y Costa plantean en su libro la pirueta pseudoexplicativa en la que se basa el modelo de enfermedad. Se parte de una constelación de comportamientos que habitualmente coexisten (por ejemplo, quedarse en la cama, abandonar actividades, llorar, quejarse de uno mismo o de los demás…) y se le adjudica un nombre (por ejemplo, “depresión”) que, en principio es sólo una etiqueta con la que describimos o denominamos a ese conjunto de conductas. A partir de ahí se “cosifica” el nombre, se asume que tal etiqueta designa algo que existe realmente y que tiene entidad propia (“la depresión”) y, finalmente, esa entidad se convierte en “causa” de los mismos comportamientos de los que partíamos. Diremos entonces que Fulano de Tal padece una depresión porque manifiesta determinados comportamientos, y diremos que los padece porque padece una depresión. La circularidad es evidente y, si se quiere romper y hacer así el argumento más digerible, siempre cabe decir que “todavía no se conocen las causas” o simplemente inventar una extraída de la investigación neurocientífica (que es “neuro” y es “científica”) y financiada por la misma industria farmacéutica que fabrica el fármaco capaz de “curar” la “enfermedad” (otro tipo de líneas de investigación no encuentran financiación tan fácilmente).” Ver enlace.

¿ES EL MODELO BIOMÉDICO LA MEJOR OPCIÓN?

Toda ciencia propone teorías y métodos para conocer y controlar los procesos de su objeto de estudio.

 

Las teorías y los métodos deben servir al conocimiento y al objetivo de la ciencia, que son el progreso y el servicio al interés público.

 

Por tanto, las teorías y métodos deben estar en constante revisión. Deben ser susceptibles de cambio en función de sus resultados. Deben adecuarse a quien y a lo que sirven. Nunca al contrario. Una ciencia dogmática pierde su utilidad, su sentido.

 

Las teorías y metodologías utilizadas para el abordaje de la depresión y otros problemas psicológicos no deben ser una excepción.

 

Amplía sobre el modelo biomédico y otros modelos en este artículo.

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Dada la ausencia de resultados, comparables a los obtenidos para las enfermedades médicas, durante los últimos 100 años, en la búsqueda de un indicador biológico de los llamados “trastornos mentales”. Y, como consecuencia, la imposibilidad de equipararlos a las enfermedades que sí tienen definido ese indicador. Son lícitas y necesarias la revisión crítica, la búsqueda y la propuesta de alternativas al modelo. Así como dignas de consideración, si cumplen las condiciones necesarias para ser científicas.

 

Y sin embargo, el modelo biomédico aplicado a los problemas de tipo psicológico sigue vigente, es mayoritario y se defiende con gran vigor.

En 2013, Brett J. Deacon, profesor de Psicología de la Universidad de Wyoming (EE.UU.), publicó un artículo en el que revisaba la validez y la utilidad del modelo biomédico en salud mental. (2) Ver enlace.

 

La revista Infocop nos informó del contenido del artículo.  (3) Ver enlace.

“Según apunta B.J. Deacon, a pesar de la fe generalizada en el potencial de la neurociencia para revolucionar la práctica en salud mental, la era del modelo biomédico en salud mental se ha caracterizado por una falta de innovaciones clínicas y por unos resultados desfavorables.”

En el artículo, Deacon, enumera 6 falsas creencias que acompañan al modelo biomédico en salud mental. Las creencias y los hechos frente a frente.

 

Como ya he comentado, no se han identificado causas ni marcadores biológicos para ningún trastorno mental.

Creencia 1: Los trastornos mentales son enfermedades cerebrales causadas por el desequilibrio de los neurotransmisores, anormalidades genéticas y defectos en la estructura y funciones del cerebro.

 

Hecho: Los científicos no han identificado una causa biológica, ni siquiera un marcador biológico inequívoco, de ninguno de los trastornos mentales.

No hay evidencia de que los fármacos equilibren un desequilibrio químico no demostrado.

Creencia 2: La medicación psicotrópica funciona mediante el reajuste de los desequilibrios en los neurotransmisores responsables de la enfermedad mental.

 

Hecho: No existe evidencia concluyente de que los trastornos mentales sean causados por un desequilibrio químico, o de que los fármacos funcionen corrigiendo dichos desequilibrios.

La inversión para encontrar mejores fármacos no ha compensado.

Creencia 3: Los avances en neurociencia han dado paso a una nueva era de fármacos más eficaces y seguros.

 

Hecho: Los fármacos psiquiátricos modernos no son, a grandes rasgos, ni más seguros ni más eficaces que los descubiertos casualmente hace medio siglo.

El modelo biológico en Psiquiatría ha fracasado en su respuesta al problema encomendado.

Creencia 4: La psiquiatría biológica ha hecho grandes progresos para la reducción de la carga de las enfermedades mentales en el mundo.

 

Hecho: Los trastornos mentales se han vuelto más crónicos y graves, y el número de personas con discapacidad asociada a sus síntomas ha aumentado de manera constante en las últimas décadas.

El problema de la estigmatización se ha agravado.

Creencia 5: Educar a la sociedad sobre la idea de que los trastornos mentales tienen su origen en causas biológicas reduce el estigma asociado a la enfermedad mental.

 

Hecho: A pesar de que la sociedad ha aceptado ampliamente la idea de que los trastornos mentales tienen un origen y tratamiento biológico, los problemas de estigmatización no han mejorado e, incluso, se están agravando.

Los tratamientos farmacológicos no mejoran los resultados del efecto placebo.

Creencia 6: Una mayor inversión en investigación en el campo de las neurociencias permitirá desarrollar tests diagnósticos basados en componentes biológicos y tratamientos farmacológicos curativos (no sólo paliativos).

 

Hecho: La industria farmacéutica ha reducido drásticamente sus esfuerzos en desarrollar nuevos fármacos, debido a la falta de dianas moleculares prometedoras capaces de incidir sobre los trastornos mentales y al fracaso constante de los nuevos compuestos en demostrar su superioridad frente al placebo.

La, más reciente, inversión en técnicas apoyadas en nuevas tecnologías como la neuroimagen, tampoco han conseguido justificar el esfuerzo inversor para encontrar marcadores biológicos. Tal como explica Marino Pérez Álvarez en este artículo. (4) Ver enlace.

Después de este análisis no puede considerarse descabellado buscar otro modelo teórico que pueda dar mejores resultados. ¿Qué opinas? ¿Se necesita cambiar? ¿Se te ocurren ideas para mejorar la situación? Comenta.

Restan tres preguntas que responder que veremos en la siguiente entrada.

¿ES IMPRESCINDIBLE EL DIAGNÓSTICO?

¿ES CAUSADA POR FACTORES BIOLÓGICOS?

¿DEBE SER LA MEDICACIÓN NUESTRA PRIMERA OPCIÓN?

Continúa…

¿Por qué hay tantas personas que sufren depresión?

¿Qué es la depresión?

¿Por qué hemos conseguido erradicar tantas enfermedades y la depresión no?

¿Estamos haciendo lo correcto?

¿Qué errores podemos estar cometiendo?

¿Qué se puede hacer?

 

Son preguntas que intentaré responder en esta serie de artículos agrupados en la categoría “Depresión”.

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2 Comments
  • Francisco
    Posted at 03:56h, 12 enero Responder

    La depresión se utilizó bastante tiempo como excusa para sacar dinero de las personas, personalmente no estoy de acuerdo con el uso de fármacos para tratar esto, estoy seguro que existen métodos menos invasivos y mas constructivos como la terapia cognitiva conductual.

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