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Estudiar no sirve para nada…

Autor: Dorothea Lange

Educar a nuestros hijos no es fácil. A veces nos quedamos sin saber qué hacer o qué decir. Nos quedamos sin argumentos ante opiniones que suponen un riesgo para ellos. Mitos que pueden dar problemas. Como pensar que nuestro comportamiento no juega ningún papel en el devenir de los acontecimientos en los que estamos involucrados. Que estudiar o esforzarse no sirve para nada. Una especie de superstición (1) que debería su éxito a que sirve de subterfugio para evitar algo que nos hace pasarlo mal. Como mi papel no es crucial, no tengo que esforzarme, ni someterme a la posibilidad del fracaso. ¿Qué hacer cuando nuestros hijos dicen que estudiar no sirve para nada?

Una tarde cualquiera de principios de verano…

– Buenas tardes hijo, ¡… Buenas tardes hijo! ¡Eh! ¡Hola! Esos cascos…
– ¡Ah, hola papá! Estoy jugando con unos amigos.
– Muy bien, te veo luego.

Más tarde..

– ¿Qué tal la partida?
– Bien, jajaja, Virgilio se ha enfadado con Horacio y se han dicho de todo.
– Vaya… espero que no sea serio.
– No, sólo tienen mal perder…
– ¿Qué tal el día? ¿Has empezado ya a repasar los temas de los que hablamos?
– Estoy de vacaciones, este año no hay exámenes de Septiembre.
– Tienes razón pero tendrás que examinarte de las asignaturas pendientes durante el curso que viene.
– Otra vez con ese rollo, me taladras. Ya te dije que no voy a estudiar Bachillerato. ¿Para qué sirve estudiar? Para nada.
– Vale, está bien, ahora mismo tampoco es una cuestión de vida o muerte. Pero me gustaría que siguiéramos hablando del tema. No para obligarte a hacer el Bachillerato, sino sobre el tema de que aprender no vale para nada. Procuraré ser respetuoso contigo. Hazme ese favor.
– Bueno, no sé. En media hora he quedado. ¿Me das dinero?
– ¿Qué vais a hacer? ¿Cuánto necesitas?
– A cenar algo y dar una vuelta. Con 10 me apaño.
– Está bien, pero prométeme que hablaremos del asunto mañana cuando llegue a casa. Toma el billete.
– Vale…, sí, eres muy pesado…
– De acuerdo, diviértete. Con cuidado, no llegues tarde.
– Venga, hasta luego.

Al día siguiente…

– ¿Holaaa? ¿Hay alguien en casa? Buenas tardes, hijo. ¿Todo bien?
– ¿Ya has llegado? Bien, ¿y tú?
– Pufff, ha sido un día duro, hace un calor…
– Pues entonces mejor lo dejamos para otro día, que te veo cansado.
– ¡Al contrario! Gracias. Estoy deseando cambiar el chip y ocuparme de lo más importante. Venga, me doy una ducha y nos tomamos un zumo doble.

Media hora más tarde…

– Venga ese zumooo.
– ¡Voy!
– Este es tu zumo. ¡Está bueno!
– ¿Bueno qué me querías decir?
– Pues, primero que siento parecer tan insistente. Espero que comprendas que me sienta responsable de tu bienestar, es muy importante para mi.  ¿Quieres melón? ¿Un poco de queso?
– Melón, sí.
– Cuando te oigo decir que estudiar, aprender, no vale para nada. Sé que no es exactamente eso lo que quieres decir. Porque eres inteligente y sabes que cualquiera que deje de aprender o de ocuparse de sus asuntos, lo pasará mal. Cuando decimos algo así es que nos está costando llegar a nuestras metas. Creo que nos sentiríamos mejor si consiguiéramos ver qué podemos cambiar para que los resultados mejoren. Podemos pedirle a tu primo que te dé unas clases de Mates y yo te ayudo con la Lengua.
– A ver, papá, no te voy a decir que unas clases no me vendrían bien. Pero el tema es que me aburre, me aburro mucho.
– Estoy de acuerdo que no es lo más divertido del mundo, pero es más aburrido cuanto peor te va. Tampoco está pensado para que sea divertido, sino más bien para aprender a trabajar, para ir haciéndose fuerte ante la vida, para crecer intelectualmente y entender mejor el mundo en el que te vas a mover. Pero entiendo que esto es difícil de ver cuando se tiene el libro delante. A veces lo mejor es no darle vueltas. Atender a los asuntos de cada día y después dedicarse a otra cosa. Sin tener que pensar en que me he dejado cosas por hacer o en cuándo lo haré.
-Es fácil decirlo…
-Desde luego, mucho más fácil. Esa es la idea. Lo más importante es concretar y ponerse en marcha. ¿Hacemos un plan? Y miramos cómo te puede resultar menos duro. Con un aumento de paga el viernes y algún juego nuevo más adelante. ¿Qué te parece?
– Hombre tiene mejor pinta la cosa, pero cuando me atasque o me ralle o me pete la cabeza. ¿Qué hago?
– Dejar de pensar cosas como que es aburrido o que tú no puedes. Seguir trabajando o tomar dos minutos para relajarte y volver al ataque. Si no lo consigues. Apunta qué es lo que no entiendes y sigue adelante con lo siguiente. Vamos hablando de cómo van las cosas y buscamos soluciones.
– Vale pero luego no te enfades, ni te agobies.
– Lo intentaré, esa es mi meta. Gracias por escuchar. Creo que nos va a ir mejor a los dos en esto. Mañana entonces, zumo y planificamos.
– Mañana. Me subo a mi cuarto.
-Vale.

Este artículo atiende a una demanda realizada mediante comentario. Puede complementarse con otra entrada anterior titulada: ¿Por qué no tengo ganas de nada? (2)

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Referencias y enlaces

Diálogo ficticio cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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